Todo el país despide a un ser especial
Murió ayer (4 de enero). Aunque también murió otro poco hoy. Y probablemente pueda morir aún más mañana. Aunque aún se duda de su fallecimiento, porque sólo fallecen quienes lo hacen a través de los conocidos obituarios. Él era de todos nosotros, era del Pueblo. Un ejemplo.
Se trata de una persona que de tan viva que estaba, nunca va a dejar de morir un poco. Su corazón era nuestros corazones y su voz era la voz de América, y porqué no, del mundo entero. Todas las personas que lo conocieron rompieron en llanto al enterarse de la noticia. Otras no tenían mucho que romper. Aunque quebranto sí hubo, naturalmente.
He dicho que era un ejemplo. De vida, de cómo se debe vivir, de cómo se debe luchar. Era un ejemplo de lucha en síntesis. Cada paso que daba, cada palabra pronunciada era un soplo de vida necesario para la humanidad. Ya no será lo mismo este mundo; este país, sin su presencia.
Los periodistas comenzamos a imaginar las crónicas sobre las filas y filas de personas agolpadas frente al cuerpo de quien supo dar tanto por los demás.
Pero no fue así. Claudio tenía tres años, no tantos recursos como alguien que se sabe dar una buena vida, y mucha menos suerte que un famoso claro está. La batalla épica de Claudio fue de aproximadamente 7 horas (no pudo aguantar tanta espera por una ambulancia), mientras que un personaje amado por gente con la cual no tiene ningún tipo de relación directa y que cuenta con la fortuna de poseer una fortuna, supo conseguir 15 años más de vida. Es verdad doctor cardiólogo: el mensaje es claro.
Ni el diablo mismo puede comprar tanto tiempo. Por lo cual es hora de replantearnos en qué estamos pensando. Qué nos está pasando. Mientras escribía estas líneas murieron 150 chicos en el mundo por enfermedades curables.
¿Qué hace que veneremos a personas de plástico? ¿Qué hace que adoremos a ídolos de oro? Hemos pasado siglos y siglos de progreso y civilización y seguimos tirando a los chicos que no queremos ver por el acantilado. Este año se cumple una década de la muerte del Dr. René Favaloro. El pobre tipo se suicidó de un disparo en el medio de su corazón. Todavía hay gente (políticos y civiles) que no entienden la tonta metáfora. La vida a veces parece un cuento escrito por un literato precoz que es incapaz de no explicar el final. Las señales están. Algo mal debemos estar estamos haciendo. No digo que si apreciás el arte de un sujeto, no lamentes su pérdida, pero ¿qué parte del alma humana está en cortocircuito que no nos conmovemos ante otra muerte más inocente y más pura aún?
No es posible. No quiero pensar que nuestra sociedad está adormilada. Ni siquiera quiero pensar que la Sociedad se hace la dormida como cuando sube una embarazada a un colectivo. Me gustaría pensar que aún somos esa embarazada que sube al transporte público con la esperanza de que otros también crean en esa Esperanza y cedan el asiento al ser humano.
Ya lo dijo otro gran argentino (escritor en su caso): “Cuando se mata a un hombre, se mata a la humanidad”. Las pasiones son buenas sí, pero es increíble lo que se podría lograr aportando toda esa energía, pasión, amor y temple ante miles de otros cuadros dantescos que también requieren nuestra mirada.
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