Hace unas semanas, realicé una entrevista a al editor Daniel Divinsky para participar en un concurso periodístico. El tema había que seleccionarlo entre tres ejes: los 20 años del nacimiento de Página/12, los 40 años de la creación de Ediciones de la Flor y los 50 años de la aparición de El Eternauta. Mi elección fue influenciada por los comentarios que me hiciera Ezequiel Martínez (Editor Revista Ñ) acerca de la buena onda de Divinsky. La verdad es que tuve que remarla mucho debido a que el director y fundador de Ediciones de la Flor estaba bastante cansado debido a las incontables entrevistas que tuvo que dar a los medios. No obstante, fue un momento grato a pesar de no haber ganado la suma de dinero (y en caso de haber salido segundo, habré sido el primero de los perdedores).
Aquí les copio la entrevista:
Entrevista al fundador y director Daniel Divinsky
¡Estás igual!
“Esto no se lo dije a nadie todavía, pero trabajar desde el exilio a causa de la dictadura era una esquizofrenia total, vivíamos en dos países al mismo tiempo. Nos hemos dado cuenta de que estábamos allá y estábamos acá”. Esta frase resulta fácilmente atribuible a un exiliado político, pero fue pronunciada por Daniel Divinsky al recordar distintas épocas como director de Ediciones De la Flor, que en el mes de agosto festejó su 40 aniversario.
Divinsky recibe a CYNEGA con una sonrisa y una invitación para acompañarlo con su merienda de café con leche cual escolar que comparte lo mejor de su cumpleaños. No obstante, se distingue un cansancio intencionalmente oculto debido a una infinidad de entrevistas a distintos medios, donde los temas de rigor fueron el aniversario de la editorial y la muestra en el Centro Cultural Recoleta “De la Flor x 40 = Libros con Historia”, la muerte de su amigo Roberto Fontanarrosa y el recuerdo de Rodolfo Walsh al conmemorarse un nuevo aniversario de su desaparición.
Con la sola mención del autor de Operación Masacre, Divinsky no duda en reflexionar: “Él fue quien inauguró el género de la non fiction. Sin desmerecer su carrera como periodista que fue brillante, si no lo hubieran matado, hoy Walsh sería el escritor de ficción contemporáneo más importante de la Argentina. Su estilo era inimitable. Creo que sería mucho más conocido en el exterior de lo que es ahora”. Las relaciones personales en su vida fueron capítulos de suma importancia para el desarrollo y trabajo de la editorial.
Asimismo, sobre el escritorio se encuentra parte del material que no logró entrar a la muestra. Fontanarrosa es una de las estrellas tanto allí como en esta oficina. “Hay que reeditar todo, no hay nada para distribuir. Los libros del Negro se agotaron con una velocidad que nunca nos había sucedido. No creo que tenga que ver con una cosa morbosa –sostiene–, sino con que aparecieron fragmentos en distintos lados, y gente que no lo había leído nunca comienza a decir ‘¡pucha!, esto era bueno’. Estábamos estudiando si poníamos en la contraportada la fecha de nacimiento y la de fallecimiento. Pero para nosotros no murió todavía”. Al hacer hincapié en su modo de expresarse, Divinsky aseguró: “No es que usó un lenguaje popular, sino que usaba un lenguaje cotidiano que no es necesariamente lo mismo. El secreto de Fontanarrosa era el alcance de su arte. No el modo, sino su alcance. Lo podía leer cualquiera y disfrutarlo.”
La apuesta por lo nuevo
En 1967 De la Flor publicó sus dos primeros libros luego de que Divinsky hubo abandonado el estudio jurídico y su trabajo de abogado. “La publicación de autores noveles nacionales o extranjeros poco conocidos es una vocación por el juego –comenta con vehemencia–, una vocación por la apuesta. Nos ha ido muy bien con muchos autores y con algunos no”. “Una editorial mediana como Ediciones de la Flor no hace investigaciones de mercado. Funciona con el narizómetro, sucede que a veces el olfato no siempre es perfecto”, explica mientras señala una pila de hojas bocetadas sobre su escritorio. Uno de las corazonadas que más satisfacciones le está dando es el humorista gráfico Liniers y las tiras cómicas de la serie Macanudo. Cuando apareció Macanudo 1, el surrealista mundo de los pingüinos gustó sólo a Divinsky mientras que los más jóvenes de De la Flor pensaron que iba a ser una venta muy moderada. En estos días, se están vendiendo sus derechos a otros países para ser traducido y publicado. “Si Liniers fuera de culto como escuché en algunos medios, sería equivalente a minoritario y dejó de serlo hace mucho tiempo. O sea que de culto: ¡minga!, porque sería una cosa de poca gente”.
El mercado editorial está comenzando a apoyar a autores más jóvenes. Ésta situación ya fue reflejada por las publicaciones culturales del país. En referencia a la denominada Joven Guardia (autora de las selecciones En Celo y la aún inédita In Fraganti), el fundador de De la Flor recuerda: “Lanzamos una colección que se llamaba Los Nuevos con primeras novelas de varios autores. Nos fue mal con todos y casi todos han seguido una carrera brillante con el tiempo. A quienes le publicamos sus primeras novelas cuando eran más jóvenes fue a Martín Caparrós y a un adolescente Pablo de Santis”. Luego de pensar brevemente confiesa: “Aquí hay una diferencia enorme entre lo que pasaba en los años 60 y ahora. En esa época no había tal proliferación de nuevos libros. Era más fácil que el boca a oreja difundiera a un autor desconocido. Esto ya no es posible. Nosotros seguimos publicando autores nuevos, pero no basta esa difusión. Cuando los grandes grupos editoriales deciden publicar a un desconocido, en general lo hacen respaldándolo con un premio (sic), es decir al que "va a ser" premiado”.
De la Flor x 40 = Libros con Historia
Con motivo de la muestra en el Centro Cultural Recoleta, fueron abiertas cajas de archivos con cartas que no habían sido leídas nunca: cartas mandadas desde la cárcel y del exilio. “Se nos pusieron los pelos de punta, quedamos muy conmovidos por la cantidad de cosas que tuvieron que afrontar aquí, de sustos, de penurias económicas y tantas consultas. Mandábamos más de 50 indicaciones precisas por carta sobre cada libro”. La imagen se parecía al mundo creado por el escritor Adolfo Bioy Casares en La Invención de Morel. Ante la comparación y la mención de que posiblemente ellos fueran los inventores del trabajo virtual a distancia, Divinsky enfatiza: “¡Claro! Pero sin computadoras. Sin fax, correo electrónico, ni teléfono. No había ni siquiera telediscado”.
Cuando se habla de arte o cultura es inevitable hablar de política para el hombre de gafas profundas. Divinsky y Ana María Miller (Kuki) pasaron 127 días exiliados en Ecuador durante 1977. “La política se infiltra en todo lo que hacemos. Hasta cuando hablamos de cocina estamos hablando de política. Narrar una experiencia biográfica muy fea ligada con la dictadura, pero comparada con las cosas que pasaron otras personas, es haberla sacado barata. Es decir, no es algo que me apasione especialmente. Pero es algo que surge siempre”.
La memoria y el oficio
Al analizar las chances que tuvo la editorial en sobrevivir, Divinsky señala que si Quino y Fontanarrosa se hubieran asustado y hubieran decidido cambiar de Editorial, hoy por hoy estaría otra persona a cargo de la editorial. “No hubiéramos sobrevivido. Lo tengo clarísimo –concluye con la mirada perdida hacia las abarrotadas bibliotecas de su despacho–”. “Lo sorprendente es que la editorial haya sobrevivido a todo esto”, asegura. “La clave de la existencia de esta editorial es Kuki. Porque ella es economista, y manejó los números no sólo estando aquí, sino desde afuera. Le mandaban lo que se había vendido, las cosas a pagar, y ella daba estrategias para resolver las situaciones. Cosa que yo no sé sumar nada”.
Al finalizar, cuando se le preguntó si un editor de libros era un escritor frustrado, el fundador de Ediciones de la Flor respondió con rapidez: “Jamás me lo planteé, pero me encanta lo que hago. Me gusta escribir las contratapas de los libros, eso sí”.
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