Entrevista al director de Bamako
“El África es víctima de sus riquezas”
El director visitó Buenos Aires en el marco de la novena realización del Festival de Cine Independiente. Su película Bamako participó de la función de apertura de este año. El largometraje es un drama de corte legal en el que se acusa a los organismos económicos internacionales de la realidad socioeconómica del pueblo africano.
Diez largometrajes por año se realizan en África mientras que cerca de 240 son provenientes de Francia. Bamako fue ovacionada en el Festival de Cannes. Abderrahmane Sissako, su director, fue asimismo aclamado en el año 2003 por su anterior película “Esperando la felicidad”, la que resultó ganadora del premio en la competencia internacional de ese año.
En la presente edición del Bafici, la obra del director mauritano fue nuevamente protagonista con la presentación de Bamako en la función de apertura. Luego de la presentación respondió las preguntas de periodistas, admiradores y cinéfilos en el Meeting Point dispuesto en los cines del Abasto Shopping y en el hall principal del Atlas Santa Fe.
– ¿Cómo nació el proyecto de realización de Bamako?
– Tengo básicamente dos razones. Por un lado, un deseo personal de volver a la casa de mi infancia, la casa de mis padres. Una casa con paredes de barro, en donde mi padre tuvo que construir un pozo de agua, ya que ésta era muy costosa. Es la casa de la cual nos tuvimos que ir para buscar un mejor modo de vivir porque la realidad era difícil y tristemente pobre para los jóvenes. Fue en esa casa donde nos juntábamos toda la familia para discutir con amigos acerca del futuro del África.
Por otro lado, quería dar mi perspectiva acerca de las injusticias del África, del manejo del poder de unos pocos y de la hipocresía del Norte frente a los países del Sur.
– ¿Cómo se desarrolló esta forma de narrar tan poco tradicional y en qué manera se ajustó el enfoque sobre los detalles de los personajes que podrían llamarse secundarios?
– En primera instancia, quería enmarcar la película dentro de la casa, sin salir al exterior. Luego, de a poco, abandoné esa sensación que tenía que ser teatral. E incorporé personajes comunes y exteriores. A partir de esto surgieron, miradas hacia mujeres que trabajan con telas, una madre que cuida su hija y situaciones que siempre fueron parte de la vida diaria y que jamás se entremezcló con el poder. El poder que se discute dentro de la casa. Era necesario relativizar la observación del caso, por esto uno de los testigos en el film declara: “al menos sabrán que nosotros sabemos”.
– En su película “En attendant le bonheur” (Esperando la felicidad, 2002) mostraba el manejo del poder público y las políticas antiinmigratorias de los países occidentales. En Bamako se habla nuevamente del poder en forma de parábola. ¿A qué se debe esta forma de expresión?
– Es que los discursos tradicionales son extremadamente difíciles de llevar a cabo. Por eso pasar por la parábola nuestra realidad me parecía el modo indicado para dar un mensaje de este tipo. A su vez, quise que esta parábola fuese recortada por otras realidades entremezcladas. Me pareció imposible imaginar esta discusión/juicio de otra manera.
– ¿Cree que gran parte de los directores de cine independiente toman sus producciones como una forma de catarsis?
– La realidad es que no existe todavía algo o alguien que pueda poner en duda el poder de los más fuertes. No se trata de designar culpables sino de denunciar los hechos que forman el destino de millones de personas. En general se suele creer (y se quiere hacer creer) que África es víctima de su pobreza (como si el destino, el calor, el desierto y el color de piel fuesen las características y orígenes de su pobreza manifiesta), pero en la película se grita: ¡África es más bien víctima de sus riquezas! Riquezas manejadas por siglos por unos pocos. Quería dar otra visión de África que no fuera la de guerras civiles y hambre. Quería, a través de la creación artística, volver probable lo imposible, como este juicio a las instituciones financieras internacionales.
– ¿Cómo fue la elaboración del guión y de la puesta en escena?
– El guión fue escrito por mí, pero más que nada para establecer los marcos de discusión en el momento del rodaje. Ya que los actores eran personas que jamás habían actuado en una película, eran personas que habían sido afectadas directamente por lo que los organismos como el Banco Mundial y el FMI llamaron “ajustes estructurales”. Las privatizaciones, la hambruna y el desempleo fueron temas que fueron encarnados con pasión y veracidad ya que prácticamente eran expresados por experiencias personales.
Con respecto a la estructura utilizada, como quisimos darle un toque cuasi-documental utilizando cuatro cámaras de video más un capturar de sonido especial para un ambiente como el patio donde fue filmado. No se pidió reanudar ninguna frase ya que dirigíamos la filmación seleccionando las cámaras como una televisación en vivo. Con los exteriores, sí tuvimos que preparar escenas de ficción más “cinematográficas”. Así es como en la película actúan personas del barrio, familiares míos entremezclados con verdaderos abogados y magistrados.
– Para finalizar, ¿qué contactos tuvo con el cine argentino?
– Tengo muy buenas referencias de la industria del cine local. En particular la distribuidora de publicitar mi película es la misma que en Francia y parte de Europa y África promociona “Saqueo de un país” de (Pino) Solanas. Y su trabajo me parece excelente. Es para mi un honor visitar Argentina y Buenos Aires por segunda vez y que el cine permita crear estos puentes entre dos continentes que algunos pretenden mostrarnos como lejanos.
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