Monthly Archive for Abril, 2007

Jascha Heifetz deslumbra con Paganini

El violinista lituano Jascha Heifetz fue uno de los mejores músicos virtuosos del siglo pasado. Este año se van a cumplir 20 años de su fallecimiento en la ciudad de Los Ángeles. Desde temprana edad recibió las lecciones de su padre que lo llevaron a convertirse en un niño prodigio y brindar un concierto de Mendelssohn a los 6 años de edad.

Este fue el comienza de una carrera brillante e ininterrumpida hasta por ejemplo transcribir al violín más de 200 obras. Sus violines preferidos fueron dos: el famoso Guarnerius de Gesú y un Stradivarius de 1731; con su ejecución, compartimos la interpretación del Capricho Nº 24 de Niccolo Paganini. Su pizzicato es extraordinario. La grabación ronda los años ‘40y el pianista es el maestro Emanuel Bay, que si bien en la obra original no existe el piano, aquí es usado a modo de bajo.

Entrevista a Ligia Piro

La cantante argentina de jazz del momento:

Ligia Piro
Ligia Piro es la nueva voz del jazz femenino que viene avanzando a paso firme en la escena local. Proveniente de una familia de músicos, la hija del bandoneonísta Osvaldo Piro y la cantante Susana Rinaldi, participa de la entrevista, en el marco del cierre de la gira presentación de su segundo disco Baby! La entrevista abarcó los temas profesionales y personales. A continuación la entrevista exclusiva que Ligia Piro mantuvo con Cynega.

— ¿Cómo transcurrieron las primeras semanas de la presentación de Baby! junto al anuncio de la reunión sobre el escenario de tus padres luego de 20 años?

— Fueron muy agitadas. Todo fue muy repentino y de pronto nos dimos cuenta que las fechas se juntaban demasiado y nadie quería ser opacado por el lanzamiento del otro. Pero afortunadamente todo salió bien y hubo dos semanas de diferencia entre el Gran Show de mis padres y la presentación de Baby! en La Trastienda.

— La trayectoria en el teatro, ¿te favoreció en el momento de tener que afrontar el público al cantar?

— Es diferente. Cuando estás como “actriz” tenés la famosa cuarta pared. El manejo del público es por el Café Concert. Cuando estás en lugares pequeños, como en La Casona, ves y escuchás todo. Tiene que ver con sentirte cómoda con ese “ida y vuelta”. Hay que hacer las dos cosas: el teatro es grandioso, pero también el Café Concert para acercarte un poco y tener más contacto con el público.

— ¿Te cuesta llevar las sesiones fotográficas como en Baby!? ¿Tuviste algo que ver con la gráfica y el arte del disco?

— No, ¡fue muy divertido! Porque lo yo ideé con mi peinador, que también participó de la producción fotográfica. En base a una idea creamos todo lo demás: yo quería la flor amarilla. Estaba convencida que la flor amarilla, en particular la yerbera, tenía que ser lo diera la vuelta dentro del disco. Y el color amarillo significa en esta nueva etapa discográfica o profesional el brillo, la potencia sonora, que no tenía nada que ver con el disco anterior que había sido una etapa más “melanco”, más de “bajón”, porque eran casi todas baladas de amor.

Y se ve en la gráfica del disco también. Acá fuimos a otro lado. Lo fucsia, lo amarillo. Yo no puedo separarme de la parte artística, grafica y de diseño. Quiero que el CD sea un reflejo mío. El primero fue una edición propia. Ahora pertenezco a un sello, pero es independiente. Y en el arte de etapa de LP (primer disco, 2003), quería que los colores me llevaran a transmitir lo que yo quería. Ese disco corresponde a una etapa de mi vida de cambios en lo profesional y en lo personal. Cambios para bien. Y todo está ahí. El pelo afro surgió de querer hacer algo setentista, mi peinador que también se ocupó de la escenografía (Fabián Rodríguez), me sugirió que hiciera algo afro y me convenció de que sin usar peluca y usando mi propio pelo podíamos lograr algo bueno. Fueron dos horas y media, pero se hizo.

— Son perceptibles ciertas diferencias sonoras de tu voz entre el primer disco y el segundo, se percibe una mayor madurez y más comodidad para abarcar el amplio registro que te caracteriza, ¿se debe a una maduración natural o a una producción más cuidada?

— Entre un disco y otro pasaron 3 años. Además, mientras más tiempo pasa más madura se va poniendo la voz. Yo me sigo preparando y sigo estudiando. Dejé de fumar y ahora tengo más relajación en mi respiración. El primer disco viene de la época en que todos éramos noctámbulos y entre la noche y el cigarrillo son cosas que se notan. Mi vida y mi entorno son así. Aún amo la noche, pero empecé a tomar ciertos recaudos. Pautas de trabajo que llevo de mi vida al trabajo. Me planteé maneras de trabajar, sistemas de producción.

— ¿La selección de temas sigue algún esquema o concepto?

— Antes de entrar al estudio de grabación ya tengo todo el repertorio armado. El primer disco no fue producción artística mía; el segundo sí, entonces me tuve que meter más de lleno en el “laburo”. Lo hice con David, mi marido. En caso de grabar un tercer disco, vamos a estar mucho más cancheros. ¡Fue una preproducción de 8 meses!

Con respecto a la elección de temas, es simplemente música que a mi me atrapa y me gusta, no le busco ningún hilo conductor. El hilo conductor aparece sólo, y se lo da uno mismo. Para mí el disco termina cuando nos encargamos del arte y cuando ponemos visualmente lo que quisimos decir sonoramente. El jazz a mi me gusta casi todo, la bosanova también. Casi siempre me tiro más al jazz… a lo mejor, hago un tercer disco enteramente de música brasileña. En los shows lo suelo hacer, acostumbro incluir mucha bosa.

— ¿Seleccionás compositores? ¿George Gershwin por ejemplo?

— No. Nunca en la vida me fijé que “esto va”, porque “va a pegar”. No busco el lado comercial, al menos no por ahora. Tuve dos ofertas de dos sellos “comerciales”, pero no quise aceptar las propuestas… tal vez me digan “tenés que cantar esto”. Y no estoy preparada para eso ahora. Tengo que ser sincera conmigo mismo para interpretar la música.

— Cuando grabás, ¿te gustan tus primeras tomas? ¿O sos perfeccionista y grabás muchas veces la misma canción?

— ¡Nada que ver! No soy obsesiva, entro totalmente relajada y segura al estudio. Es más, me gusta incluir temas capturados desde la primera toma, me gusta lo espontáneo. No me agrada buscar el perfeccionamiento en la grabación. Cada disco tiene que tener algo de esa “calentura en vivo” que también tiene que ser registrada. Si no, uno hace pura perfección, porque para colmo con las máquinas de hoy en día, el pro-tools y todo eso, uno hace todo bárbaro y podés cantar totalmente afinado.

— Ya cantaste tango (en las obras teatrales), jazz, bosanova y hasta folclore, ¿el tango ya queda descartado para los discos y las presentaciones en vivo?

— Sí. Queda sólo para la familia. Mentiría si dijera que nunca voy a cantarlo, cuando lo hice fue en Gotán y en el Romance del Romeo y la Julieta pero lo hice como actriz. No me parece atractivo en mi persona interpretarlo en vivo. Pero con el folclore me pasa más, me atrae más para representarlo. Además… ¡en mi casa ya lo hacen bastante bien! ¿Para que insistir? (risas).

— Cuando hiciste temas como Message in a Bottle y About a Girl, declaraste a algunos medios que eran los temas que escuchabas en tu juventud. ¿Creíste que estabas cruzando alguna “línea de ética” de los intérpretes y compositores del jazz?

— Justamente esas dos bandas fueron las que más marcaron mi secundaria (The Police y Nirvana). El jazz es un género musical por naturaleza de mucha libertad. Hay algunos jazzeros que no se permiten esa libertad. Pero yo me permito hacer un homenaje a mi generación. Canto temas del año 28, del 35 y el más nuevo es de 1956, ¡y yo no había nacido!, con la bosanova me pasa lo mismo. Tal vez era mi necesidad de decir “esto también soy yo”. En el caso de About a Girl lo realicé con un cuarteto de cuerdas, un arreglo más “Beatle” que otra cosa, quise incursionar por ahí. Por ejemplo, Caetano (Veloso) hizo hace un par de discos atrás una versión excelente de Come As You Are. Lo importante es no faltarle el respeto a ningún autor, yo le tengo que tener el mismo respeto a (Kurt) Cobain como a Gershwin.

— ¿Tenés el sueño de tocar o grabar con algún músico “leyenda” del ambiente del jazz?

— Nunca me detuve a pensar… porque trato de sorprenderme día a día con la gente que voy conociendo. En realidad, ya me pasó con “Fats” Fernández en el disco. Lo llamé, lo busqué, lo encontré, le pedí ¡por favor!… (risas), pero la verdad es que no nos conocíamos. Le dije que quería que él toque un tema conmigo. Me contestó al día siguiente. Estaba grabando su octavo disco… y costó un poco por que estaba con su gira… hasta que en una charla por teléfono me pidió que le cantara algo por teléfono (PS I Love You). Y entonces aceptó. ¡Estaba feliz de la vida! Y ese tema quedó de una sola toma.

— ¿Pensás en que tal vez ahora o más adelante algunas mujeres te tomen como modelo a imitar en su vocación de cantar? Y por otra parte, ¿pensás que el jazz está un tanto renegado de la mujer como intérprete?

— No pienso que el jazz esté renegado de la mujer, sino que está plagado de jazz instrumental y pocos cantantes. Si bien hay cantantes mujeres, tienen poca difusión. Hay que buscar el lugar. Es un reconocimiento social el lugar que te dan. El jazz encima es un ambiente chico. Durante mucho tiempo se lo llamó público de elite al que escucha jazz. Yo no canto para sabihondos o gente especial o erudita, yo canto para todos. Yo quiero el otro público. No me sirve. Si no, queda en esas diez personas que siempre siguen el jazz. En los últimos 10 años el público jazzero se fue abriendo.

— De hecho, ahora el jazz forma parte habitual de la grilla de espectáculos como género propio y antes figuraba como “otros estilos”…

— Claro, es un estilo fuerte. Siempre va a ser un poco menos masivo… pero está resurgiendo. Por esto mismo se creó el Festival de Jazz y Otras Músicas en Buenos Aires y la Gira Mínima. Me encanta aportar lo mío a lugares donde cualquier pueda acceder a una entrada gratuita o mínima, como en Jazzologia del CCGSM.

— ¿Escuchás jazz todo el tiempo en tu vida diaria?

— No, escucho de todo. Ahora estoy escuchando un disco de boleros de Pablo Milanés, me encanta su voz. Cuando escucho algo me tiene que gustar por lo general el color de su voz.

— ¿Escuchás tus discos?

— No, jamás. Sólo cuando estoy en el estudio… tal vez cuando pase un tiempo…

— ¿Cambiarías algo de tus discos anteriores si pudieras?

— Sí, cambiaría bastante. No el repertorio, pero cambiaría algunas cosas.

— ¿Incorporarías a tus discos músicas foráneas como la étnica o la celta?

— No, tengo muchos discos, me encanta Enya, tengo cosas celtas… hago yoga y siempre lo acompaño con esa música. No soy cantante para ese tipo de música, todavía me falta explotar mucho más el jazz y por ejemplo la música brasileña da para seguir trabajando mi tipo de voz. Que tiene una cosa cantada como de “ola de mar”. Una cosa serena que me parece que va conmigo.

— ¿En qué basas tus ejercicios vocales? ¿Aplicás las técnicas del yoga a tu respiración?

— No. Mis técnicas vocales son las que me enseña mi maestra África de Retes. Yo sigo su tendencia. Siempre está actualizándose, estuvo en el Colón muchos años. Ella me despertó la cabeza y me abrió el cerebro. Cuando empezás a estudiar tu cuerpo, es asombroso. Es difícil hacerse imágenes visuales de como manejar el aire. Empecé con canto a los 18 años, ¡sufría un montón! Al conocer a África me hizo entender todos mis problemas. Por su parte, el yoga es un aprendizaje de vida y para la vida. Es un cable a tierra. La familia, los amigos, el trabajo, las giras, las grabaciones es demasiado… ¡recomiendo terapias y yoga para todo el mundo! (risas)

— ¿Pensarías hacer gira en el exterior e ir a Brasil por ejemplo?

— Si, me encantaría. Pero si yo fuese a Brasil cantaría 90% jazz y haría algunos pequeños homenajes a la música brasileña con mucho respeto. Hay cada “grosso” que ¡hay que animarse!… ¡A Brasil iría a vacacionar a la playa! Algún día me gustaría conocer Río o Bahía.

— Tu manejo del inglés y portugués son excelentes. ¿Tuviste alguna capacitación en particular en estas lenguas?

— Fui a escuela bilingüe, y música en portugués se escuchó siempre en mi casa. Desde muy chica escuchaba y cantaba y pretendía imitar a los grandes cantantes. Yo no hablo portugués. Estudié la fonética en el Conservatorio.

— Una pregunta más personal, en tu fiesta de casamiento usaste el tema “Penso Positivo” de Jovanotti. ¿Pensás incluirlo en algún futuro CD?

— ¡Ja! No, me gusta mucho, pero no. Me gusta por los temas sociales que habla en las letras, pero no. Penso Positivo en particular me gusta el video y el tema.

— ¿Te molesta que tu vida sea conocida, tanto como aparecer en la revista Caras?

— No me molesta para nada. La gente necesita saber de vos y no soy “ortiva”, si la revista Caras quiso entrar a mi fiesta… ¿y porqué no? A veces nosotros necesitamos al periodismo y a veces ellos de nosotros. ¡Si tal vez sacaban mejores fotos que las mías de la fiesta! (risas). Es algo por lo que cualquier artista debe pasar en algún momento de su vida.

— ¿Pensaste en realizar algún otro proyecto por fuera del jazz?

— Estoy abierta a cualquier posibilidad. Todo lo que surja de autogestión es algo que voy a querer hacer. Pero por ejemplo tuve dos sugerencias para hacer teatro, que no acepté.

— Por último, ¿participaste en el diseño web de tu sitio o de los contenidos?

— Ah Si! Hicimos el sitio web con los chicos de Make It Consulting. Se buscó hacer algo que tenga mucho que ver conmigo. A mi me gusta mucho lo naif. Mucho color. Y el sitio está cargado de simbolismos. Va a haber renovación de fotos cada 3 o 4 meses. Contesto algunos mails cuando son personales, por ejemplo: una chica me dijo que quería tomar clases de canto y si bien no doy clases, les recomiendo algo. Hay mucha gente que da sus opiniones. Es un buen intercambio. Me gusta relacionarme más allá del escenario. Es devolver un poco lo que te dan. La gente da mucha buena onda en los shows. Es un intercambio de energía necesario y súper positivo… por eso… ¡penso positivo! (risas).

Más información:

Sitio Web Oficial - http://www.ligiapiro.com.ar/
Próximas presentaciones:
12 de mayo - 20:30 / Hotel Sofitel / Arroyo 841
1º y 8 de junio - 21:30 / La Trastienda / Balcarce 460 / Anticipadas Ticketek

Encuentro con Abderrahmane Sissako

Entrevista al director de Bamako

“El África es víctima de sus riquezas”

El director visitó Buenos Aires en el marco de la novena realización del Festival de Cine Independiente. Su película Bamako participó de la función de apertura de este año. El largometraje es un drama de corte legal en el que se acusa a los organismos económicos internacionales de la realidad socioeconómica del pueblo africano.

Diez largometrajes por año se realizan en África mientras que cerca de 240 son provenientes de Francia. Bamako fue ovacionada en el Festival de Cannes. Abderrahmane Sissako, su director, fue asimismo aclamado en el año 2003 por su anterior película “Esperando la felicidad”, la que resultó ganadora del premio en la competencia internacional de ese año.

En la presente edición del Bafici, la obra del director mauritano fue nuevamente protagonista con la presentación de Bamako en la función de apertura. Luego de la presentación respondió las preguntas de periodistas, admiradores y cinéfilos en el Meeting Point dispuesto en los cines del Abasto Shopping y en el hall principal del Atlas Santa Fe.

– ¿Cómo nació el proyecto de realización de Bamako?

– Tengo básicamente dos razones. Por un lado, un deseo personal de volver a la casa de mi infancia, la casa de mis padres. Una casa con paredes de barro, en donde mi padre tuvo que construir un pozo de agua, ya que ésta era muy costosa. Es la casa de la cual nos tuvimos que ir para buscar un mejor modo de vivir porque la realidad era difícil y tristemente pobre para los jóvenes. Fue en esa casa donde nos juntábamos toda la familia para discutir con amigos acerca del futuro del África.

Por otro lado, quería dar mi perspectiva acerca de las injusticias del África, del manejo del poder de unos pocos y de la hipocresía del Norte frente a los países del Sur.

– ¿Cómo se desarrolló esta forma de narrar tan poco tradicional y en qué manera se ajustó el enfoque sobre los detalles de los personajes que podrían llamarse secundarios?

– En primera instancia, quería enmarcar la película dentro de la casa, sin salir al exterior. Luego, de a poco, abandoné esa sensación que tenía que ser teatral. E incorporé personajes comunes y exteriores. A partir de esto surgieron, miradas hacia mujeres que trabajan con telas, una madre que cuida su hija y situaciones que siempre fueron parte de la vida diaria y que jamás se entremezcló con el poder. El poder que se discute dentro de la casa. Era necesario relativizar la observación del caso, por esto uno de los testigos en el film declara: “al menos sabrán que nosotros sabemos”.

– En su película “En attendant le bonheur” (Esperando la felicidad, 2002) mostraba el manejo del poder público y las políticas antiinmigratorias de los países occidentales. En Bamako se habla nuevamente del poder en forma de parábola. ¿A qué se debe esta forma de expresión?

– Es que los discursos tradicionales son extremadamente difíciles de llevar a cabo. Por eso pasar por la parábola nuestra realidad me parecía el modo indicado para dar un mensaje de este tipo. A su vez, quise que esta parábola fuese recortada por otras realidades entremezcladas. Me pareció imposible imaginar esta discusión/juicio de otra manera.

– ¿Cree que gran parte de los directores de cine independiente toman sus producciones como una forma de catarsis?

– La realidad es que no existe todavía algo o alguien que pueda poner en duda el poder de los más fuertes. No se trata de designar culpables sino de denunciar los hechos que forman el destino de millones de personas. En general se suele creer (y se quiere hacer creer) que África es víctima de su pobreza (como si el destino, el calor, el desierto y el color de piel fuesen las características y orígenes de su pobreza manifiesta), pero en la película se grita: ¡África es más bien víctima de sus riquezas! Riquezas manejadas por siglos por unos pocos. Quería dar otra visión de África que no fuera la de guerras civiles y hambre. Quería, a través de la creación artística, volver probable lo imposible, como este juicio a las instituciones financieras internacionales.

– ¿Cómo fue la elaboración del guión y de la puesta en escena?

– El guión fue escrito por mí, pero más que nada para establecer los marcos de discusión en el momento del rodaje. Ya que los actores eran personas que jamás habían actuado en una película, eran personas que habían sido afectadas directamente por lo que los organismos como el Banco Mundial y el FMI llamaron “ajustes estructurales”. Las privatizaciones, la hambruna y el desempleo fueron temas que fueron encarnados con pasión y veracidad ya que prácticamente eran expresados por experiencias personales.

Con respecto a la estructura utilizada, como quisimos darle un toque cuasi-documental utilizando cuatro cámaras de video más un capturar de sonido especial para un ambiente como el patio donde fue filmado. No se pidió reanudar ninguna frase ya que dirigíamos la filmación seleccionando las cámaras como una televisación en vivo. Con los exteriores, sí tuvimos que preparar escenas de ficción más “cinematográficas”. Así es como en la película actúan personas del barrio, familiares míos entremezclados con verdaderos abogados y magistrados.

– Para finalizar, ¿qué contactos tuvo con el cine argentino?

– Tengo muy buenas referencias de la industria del cine local. En particular la distribuidora de publicitar mi película es la misma que en Francia y parte de Europa y África promociona “Saqueo de un país” de (Pino) Solanas. Y su trabajo me parece excelente. Es para mi un honor visitar Argentina y Buenos Aires por segunda vez y que el cine permita crear estos puentes entre dos continentes que algunos pretenden mostrarnos como lejanos.

Cho Seung-Hui

El 16 de abril de 2007 ocurrió uno de esos hechos que tienen diversos niveles de lectura. La primera siempre hace referencia a la primer capa de la información y a los sentimientos o críticas que conlleva. La matanza. Sangre. Horror. Dolor. Miedo. Incertidumbre. Asombro. La segunda nos eleva al inquietante nivel de la crítica y las inferencias.

El 16 de abril de 2007 fue el día de la presunta “venganza” para un estudiante y el día de muerte inexplicable para muchos. Fue un día en que dos padres surcoreanos fueron internados en estado de shock al recibir la noticia de que su hijo había matado a otros seres vivos. La familia había llegado en 1992 a EEUU en busca de alivio económico debido a la pobreza que padecía en su país nativo.

El 16 de abril de 2007 es el típico día en que un color se percibe distinto según con el cristal que se mira. Para unos se trata de la peor tragedia en la historia dentro de una universidad (a los medios y la gente que consume medios siempre les encanta saber el ranking de las tragedias o si hubo una peor como si fuera brindara puntos para saber qué nivel de estupefacción uno debe asignarle). Y para otros se trata de una oportunidad…

El 16 de abril de 2007 fue el día en que los analistas de los medios (y de los miedos también) comenzaron a pensar, razonar, investigar y definir esta tragedia. Así algunos pensaron en comparar la noticia con lo ocurrido en Carmen de Patagones en 2004; o con otros casos como hizo el diario Le Monde:
Les principales tueries perpétrées dans des écoles depuis 1989 (© LEMONDE.FR 14.09.06)

El 16 de abril de 2007 fueron los días en que los políticos que nunca queremos escuchar encuentran siempre el peor momento para expresarse. Fue el caso del abogado republicano católico “anti-videojuego” Jack Thompson que a las pocas horas de realizada la masacre, culpó a los videojuegos por lo ocurrido en Virginia Tech.

El 16 de abril de 2007 fue el día para que una vecina abuela de mi barrio, acá en San Cristóbal, con su escasa sapiencia en tecnología y su simple punto de vista de la vida dijera: “La culpa de todo la tienen los jueguitos de las maquinitas”. Supongo que el pensamiento de la abuela era más universal de lo que yo esperaba, porque luego de escuchar a Bart Peterson, intendente -o alcalde- de la ciudad de Indianápolis, asegurar que la culpa de todo la tenía el Counter Strike, me di cuenta de que el que no entendía nada era yo, y no la abuela:

El 16 de abril de 2007 fue el día en que otra comunidad más en la Tierra de las Oportunidades tuviera la chance de autodiscriminarse y de ser discriminada. ¿Autodiscriminarse por qué? Porque el miedo a ser discriminado autodiscrimina. Porque si antes la islamofobia provocaba que no les despeguemos el ojo de encima a alguien con rasgos árabes (más aun si era en un medio de transporte), ahora muy probablemente siempre miremos en los bolsillos de cuanto asiático aparezca cerca nuestro.(asiático porque los occidentales no distinguimos coreano de japonés o chino, es más facil generalizar).

El 16 de abril de 2007 es el día en que los encargados de las campañas reacomodaron las agendas de manera urgente de los candidatos para hablar sobre la venta de armas. EEUU es uno de los países en que el nivel de armamentismo casero crece año tras año. Las tragedias continúan y los encargados de hacer algo al respecto sólo hacen oídos sordos a los disparos de los asesinos. Mas no se preocupen…, todo solucionado. Ahora es debate.

El 16 de abril de 2007 fue cuando la Tierra de las Oportunidades dejó de ser tal para un estudiante surcoreano de la Universidad Virginia Tech en EEUU para convertirse en la Tierra de la Venganza. ¿Venganza? Quién sabe como catalogarlo. Pero los últimos informes revelan que fue discriminado por su calidad de… digamos: extra-americano. Se le cuestionaba su forma de hablar, de vestir, de vivir. Se le dijo: “Vuélvete a Corea” según compañeros de su universidad que ahora se confiesan. El “Destino Manifiesto” de los americanos es sólo para los americanos.

El 16 de abril de 2007 fue el día en que Cho Seung-Hui decidió que ningún tratamiento le era suficiente. Una evaluación psiquiátrica en 2005 lo definió como “mentalmente enfermo” y además se dejó por escrito que era un “inminente peligro para sí y para otros”. Pero el sistema solo protege y cubre a quienes pertenecen. Al sistema, claro.

En EEUU viven 2 millones de surcoreanos (no consideramos norcoreanos y otras personas con rasgos asiáticos), de los cuales 93 mil son estudiantes.




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